París es Azul

(Versátil, 2019)

Después de media vida, dos divorcios y la pérdida de un embarazo, Azul regresa a París, la ciudad en que a sus diecisiete, durante el curso preuniversitario, anduvo navegando a tientas, buscándose entre dos fuertes amores y un buen colchón de amistades. Hoy, a sus cuarenta, regresa a la capital del amor para intentar aunar los pedazos de la Azul adolescente y los de la mujer en crisis. Allí descubrirá y reencontrará nuevas y antiguas pasiones que la conminarán a mirar hacia adelante.

¡Empieza a leer!

Carta a los lectores

Bonjour, mes dames et messieurs!

Así comienza su lección el profesor de Sabrina, esa delicada Audrey Hepburn que se ha largado a París a estudiar cocina, a aprender a romper un huevo con una sola mano. Así retorna Azul a la ciudad del amor en que estudió de joven, y así escribí yo París es Azul; a lo Sabrina, haciendo bailar mis muñecas sobre el teclado, rompiendo cascarones: un, dos, tres, ¡crac!

Aunque sea mi vigésimo libro publicado, siento que nunca había escrito nada como París es Azul. Quizás no sea mejor que algunas de mis novelas anteriores, pero ese vértigo que siento al verla salir a la luz, comparable a cuando bajo de la torre Eiffel a pie, solo puede tener un motivo: hay algo muy distinto ella.

Hay algo tan distinto que decidí escribirla para que fuese publicada bajo pseudónimo. Al principio solo deseaba escribir algo que nadie pudiese vincular conmigo, algo rematadamente apasionado, dos triángulos amorosos unidos por un vértice a punto de erupcionar. Anhelaba ser libre, romántica e incluso dulzona si la historia lo pedía. Sabía que solo podría escribirla en castellano, mi lengua materna, un código que nunca había usado para mi expresión literaria y que desvincularía el libro del resto de mi obra. Cuando me di cuenta de que la ficción iba a fundirse con hechos vividos (algo que suele ocurrirme) decidí situar la historia en Madrid, por si las moscas; porque esta vez (y eso no suele ocurrirme) me daba pánico dar a entender que algo de lo escrito me había sucedido a mí.

Una vez parida, sin embargo, la novela me miró y me dijo: «Eso, Muriel, no es romper el cascarón. Eso es escribir de entraña para luego esconderse». Así que me lancé a enviar el manuscrito a Versátil, la editorial en la que siempre soñé verla publicada, firmando con nombre propio.

Hubo suerte, y quizás un poco de recompensa a mi osadía. El día en que nos sentamos frente a frente, Eva Olaya, editora de Versátil, usó el verbo «fascinar». Dibujé una sonrisa. ¿Había conseguido salir por fin del huevo? ¿Qué iba a pasarme ahora?

Quizás París es Azul cuente una historia más. Entiendo que los hechos no son insólitos ni excepcionales, aunque espero que el modo en que los narro sí resulte conmovedor. Lo que puedo prometer, desde mi voz sencilla, es que os hablo del afecto y del miedo, de la juventud y de la adultez, de la piel en que vivimos y de las palabras con que nos explicamos el mundo, desde mi más genuina verdad, desde esa certeza a la que llevaba años girando la cara.

Espero que te mueva y te conmueva, un pasito más allá.

Atentamente,

Muriel Villanueva

¿Qué se dice de esta novela?

Todavía nada…

A la venta el 11 de marzo.

Entrevistas

Lectora de tot: “En realidad la primera chispa fue el deseo de escribir algo romántico. Entonces pensé en el amor y pensé en París y, de repente, allí estaba yo: vi a una Muriel de diecisiete atrapada en el tiempo y a otra Muriel de cuarenta con ganas de volver”.